Como se sabe, Internet permite la comunicación de cientos de miles o millones de ordenadores en todo el mundo mediante elementos físicos llamados switches, routers, bridges, que se interconectan a través de millones de kilómetros de cables de cobre o fibra óptica, señales de satélite que viajan por el espacio y señales inalámbricas de menor alcance. Internet es una red enorme con multitud de nodos conectados unos con otros. Cuando enviamos información desde nuestro PC a otro lugar, o cuando nos descargamos un archivo de una página web, la información fluye desde el origen al destino sin que sepamos exactamente los lugares intermedios por los que pasa. A veces, además, la información viaja troceada, dividida en lo que se llaman “paquetes”. Además de una porción de la información de interés, cada paquete lleva otros datos que identifican al remitente y al destinatario, así como el número de orden del paquete. En ocasiones, cada paquete viaja por un circuito distinto: enviamos un gran correo electrónico de Ciudad Real a París y un trozo llega por Barcelona, otro por Irún, otro por Zaragoza. Cada nodo intermedio recibe el paquete, consulta la dirección del destinatario y lo reencamina en esa dirección. Cuando el destinatario, del modo que sea, ha recibido todos los paquetes, los ordena de acuerdo a ese número de orden que lleva cada uno, de manera que reconstruye la información original, que queda como una copia exacta de la que envió el remitente. Los políticos, a veces, aplican también esta técnica de fragmentar sus discursos. Hace años hice un curso para enseñar a enseñar, y el profesor nos mostró una tabla para hablar sin parar durante horas con un discurso que puede resultar brillante. Perdí la tabla hace tiempo, pero la he encontrado enseguida en Google escribiendo “frases discursos cualquier orden”. Está publicada en una página web de la Universidad de Alcalá de Henares: según dice esa página, «Esta preciosa tabla, exponente singular de la cultura política de nuestro país, apareció por vez primera, al parecer, en el Boletín de Ingeniería Civil- MOPU (Junio 1982), junto con la siguiente recomendación: “No intente mejorar la gramática cambiando ‘explicitar’ por ‘explicar’, y cosas así, pues entonces desmerecerá mucho ante sus oyentes. Al fin, le resultará un espléndido discurso válido para cualquier tema político, económico, sociológico o sindical. Quizás nadie le entienda, pero tampoco nadie podrá discutir ni rebatir sus asertos”». Por su interés y curiosidad, reproduzco a continuación un fragmento de la tabla, dividida en paquetes. Para confeccionar un discurso, basta con que empiece leyendo la frase de la primera fila y primera columna (“Queridos compañeros”) y continúe después con una frase cualquiera de la segunda, tercera y cuarta; regrese luego nuevamente a cualquier frase de la primera, y siga ya mezclando al azar hasta que su auditorio no pueda más o hasta que se le acabe el tiempo. |