No, es cierto. El miércoles, tras finalizar el partido, no se escuchó por los altavoces del Quijote Arena el “We are the champions”, de Queen. En parte porque la SGAE se puso firme y ya no lo permite, y por otro lado porque, matemáticamente, la Liga Asobal todavía no está definida. Pero hablando en confianza, anteayer la historia quedó finiquitada. Por eso la afición, reemplazando la espectacular e inolvidable voz de Freddy Mercury, entonó el ‘campeones, campeones, oé, oé, oé’ y el ‘ que bote, que bote, que bote el campeón’. Distintas entonaciones, diferentes bandas sonoras. El mismo significado.
Lo del miércoles en el Quijote Arena fue un espectáculo, fue música de la buena. Y no se hace referencia al número de salsa que se realizó en el entretiempo del partido, sino de la actuación de los manchegos. Hablando de música, un recital. Desde el temprano se vivió ambiente, fuera y dentro. Las banderas españolas, algo que no les gusta a los catalanes, competían de igual a igual en cantidad con las del BMCR. Los pitos tronadores sonaban cuando el Barcelona salía a calentar. La afición vivía el derbi antes de jugarse, pero nada sería comparado al inicio del partido.
El número 22 blaugrana saltó al 40 por 20 y, entre aplausos, insultos y pitos, preveía que algo malo iba a pasar. Rutenka volvía al Quijote y su regreso fue un verdadero chasco. Primero, porque no pudo hacer nada de nada en los minutos iniciales, donde los manchegos se comieron a su rival, literalmente. Segundo porque firmó unas pobres estadísticas, un gol sobre cuatro lanzamientos, poco para un hombre que cuesta un millón de euros. Y tercero, y para rematar un regreso desastroso, sufrió una lesión en la rodilla que lo mantendrá como mínimo un mes fuera de las canchas. No fue la noche soñada... para él.
Si la fue para Talant y sus dirigidos. Salió todo a la perfección, con un primer tiempo para filmar, archivar y mostrarle a los más jóvenes cómo se juega al balonmano. La afición estaba loca, desatada. El 5-0 del inicio bastó para liquidar el partido, aunque el Barcelona se pusiera a un gol promediando el segundo tiempo. El Balonmano Ciudad Real se quedaba (sin que le den el trofeo todavía)con la cuarta Liga consecutiva, algo que pocos equipos pudieron hacer.
El final del partido fue para enmarcar, ya que la afición se autoproclamaba campeón a puro grito. Los nuevos jugadores del Ciudad Real, encabezados por Julen Aguinagalde y Joan Cañellas, festejaban la victoria como niños, algo que se explica muy fácilmente: el pivote vasco nunca ganó una Liga anteriormente, y el central catalán, que sí obtuvo una con el Barcelona, tiene una espina clavada por su frustrado paso por el equipo azulgrana. A él lo dejaron ir, y hoy se venga de aquella afortunda decisión... para el Ciudad Real.
La intimidad trajo desahogos, festejo y alguna dedicatoria. Los jugadores no lo dirán, pero saben que muchas veces se criticó la calidad de la plantilla, esa que anteayer quedó demostrado que no está en discusión. Los dos puntos son más que dos. Marcan una diferencia insalvable entre dos equipos bien diferenciados. Salud a los jugadores y al cuerpo técnico. Felicitaciones a la afición blanca. Aunque falte mucho para que Jota levante la copa, el champagne ya está en la nevera listo para servirse.
Día libre La de ayer fue jornada de descanso para los manchegos, que entrenarán hoy de cara al intrascendente partido del domingo ante el Zagreb por Liga de Campeones. No sería raro que el BMCR viaje con algunos juveniles a Croacia,una buena oportunidad para que Alex y compañía vistan la elástica blanca ante un rival de jerarquía internacional.
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