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| - EL RINCÓN DE ELVIRA MADIGAN - | |||
Ruedo ibérico |
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| 03-MARZO-2010. OPINIÓN | |||
| Fue como un fogonazo de luz. Una especie de descarga de alto voltaje que me cegaba la vista y me hacía perder la cabeza. Más que un vahído, peor que el peor de los mareos. Un vértigo profundo, una caída al abismo que me robaba el sentido de la realidad para alojarme en un mundo irreal. El mundo de los sueños, la tierra de lo imposible, de lo irracional, de lo paradójico. Un mundo al revés. Como me encontraba sin fuerzas y no podía vencer esa inercia imantada que tiraba de mí, me dejé arrastrar hasta el fondo para caer en esa especie de inframundo y esto es lo que vi: Me encontraba en un país que tenía por emblema un toro negro bien cargado de testículos. Como corresponde a un buen toro bravío. Era su divisa y su bandera, un toro negro de chapa recortada y puesto por las carreteras, con un par de cojones colgando. Por eso sus habitantes hacían gala de su dote testicular, hasta el punto de que algunos especímenes de la raza patria se vanagloriaban de que por sus venas y por su cerebro, en vez de correr sangre, corriera testosterona. Tanta era la devoción a este emblema, que muchos lo llevaban expuesto en el coche con una pegatina. Y sería lógico pensar que era una amable expresión de pasión por los animales, pero no debía ser tanto cuando estos mismos cavernícolas se dedicaban también a tirar cabras por los campanarios, a arrancar la cabeza de cuajo a gansos y gallos montados en un caballo, a ahorcar galgos, lancear toros hasta que la sangre les brotaba a borbotones o a envolver sus cuernos en desquiciantes bolas de fuego. Como ejemplo de su amor por los atributos genitales, les contaré el ritual que por desdicha presencié en mi “alucinaje” patrio. Había más de dos millones de telespectadores viendo un programa de televisión –TVE, la Televisión Pública Española- de máxima audiencia, en una gala rancia y demodé para elegir a un cantante, cuando apareció un tipo que se hacía llamar John Cobra. A mí, al verlo en ese sopor somnífero en el que yo me debatía, me recordó a uno de los geniales enanos de la película El milagro de P. Tinto. Pero, por desgracia, no era el mismo. Éste era un maltratador filonazi (“antes nazi que maricón”) que se había colado legalmente en el concurso para que todos los chavales de España aprendieran de su ejemplo. El caso es que cuando el energúmeno acabó su canción, se dirigió al público y agarrándose con ambas manos sus genitales comenzó a decir hasta diez veces: ¡Vosotros me la chupáis! ¡Me chupáis la polla! ¡Tomad esto… y os dan por el culo a todos! Mientras que la presentadora del espectáculo –una tal Ana Igartiburu- le tranquilizaba y acariciaba la cara para que el tipo se calmase y no se liase a tortas con el respetable. ¡Es lo que tiene la testosterona en vena! Al día siguiente el asunto se zanjó con la comparecencia del Presidente de la citada Televisión –un respetable anciano de 82 años que había nombrado el Pte. del Gobierno para relativizar lo de la jubilación a los 67- comprometiéndose a que al año siguiente se establecería “un mejor proceso de filtro en las candidaturas” ¡Y ya está! Mientras tanto, al impresentable John Cobra los programas de televisión le ofrecían ya 40.000 euros para que explicara su hazaña y que los niños y jóvenes de ese país de charlotadas tomaran buena nota de lo que es un tío con un par de cojones. Era, como digo, una gente muy rara. Lo estaban pasando fatal por la recesión económica, el déficit descontrolado y sus más de cuatro millones de parados. Sin embargo, las noticias que se daban eran confusas y contradictorias. Y en vez de generar tranquilidad en el público y en los mercados, su efecto era desmoralizante: Un día alguien decía que los trabajadores deberían jubilarse a los 67 años y al siguiente se desmentía, que si el cómputo de años para calcular la pensión sería de 25 años y, al rato, que se mantendría en 15. Una mañana un Secretario de Estado afirmaba que se congelarían los sueldos de los funcionarios y por la tarde la Ministra –alias “la Rectificadora”- lo rectificaba. Y así, cada día que pasaba, una nueva lindeza. En fin, el mundo al revés. Los responsables políticos de esta tribu, como sufrían por el exceso de orgullo debido al alto nivel de la citada testosterona, no se ponían nunca de acuerdo y tuvo que ser el clamor popular que les pitaba y sacaba pañuelos el que les obligara, después de dos años de crisis, a reunirse y a crear una comisión para combatirla. Llamaba la atención la facilidad con la que en los países limítrofes llegaban a pactos y acuerdos en momentos críticos de su historia. O que un vecino de fronteras, de apellido Sarkozy, nombrara en su gobierno a antiguos rivales políticos del partido socialista: Bernard Koucher como Ministro de Exteriores, Didier Migaud como Presidente del Tribunal de Cuentas, Eric Besson como Ministro de Inmigración… En una muestra de inteligente integración y buen gobierno. ¡Qué nivelazo! ¿Se imaginan eso en España? O que la canciller Merkel formara un gobierno de coalición con sus más directos oponentes, en la anterior legislatura con los socialdemócratas y ahora con los liberales. Pero eso, en este país carpetovetónico de ruedo ibérico era imposible; pues su enfermedad se lo impedía. Sus altos niveles hormonales provocaban una alergia cuyo único antídoto era la bronca política, el insulto, la eliminación del adversario, el descrédito y la vergüenza del ciudadano. A los que gobernaban se les acusaba de falta de credibilidad, de descoordinación y de hacer una política de ocurrencias. De estar atrapados en un doble discurso: El de los Mercados o el de los Trabajadores y su Estado de Bienestar. En su torpeza, pensaban que si el PP quedaba aislado de los acuerdos era su mejor victoria; sin entender que si el partido que representaba a 10 millones de votantes quedaba fuera, el pacto estaría arruinado. Aunque el tal PP se lo ponía fácil, pues su único interés era que todo fuera cuanto peor, mejor. Que no estaban dispuestos a arrimar el hombro, pues su estrategia era esperar a que el país se fuera al traste, se descompusiera y, así, ganar las próximas elecciones. Igual que esperan las aves carroñeras que las hienas les dejen los despojos del cadáver. El colmo de mi alucinación llegó en un territorio llamado Castilla La Mancha -tierra de locos cuerdos, el lugar del mundo donde mejor se entiende la mixtura entre realidad y fantasía-, pues una tal María Dolores de Cospedal estaba empeñada en demostrar la imposible cuadratura del círculo. Con desparpajo, y sin rubor ni miedo a que se le helara la sangre, decía una cosa en Madrid y la contraria en Toledo, un argumento en Murcia y el inverso en Albacete, una soflama en Valladolid y justo la opuesta en Guadalajara… Una habilidad increíble para convertir las verdades en mentiras dependiendo de dónde se hable y cuáles sean tus intereses políticos y personales: Trasvase, Almacén de Residuos, CCM, Aeropuerto,… Y sin inmutarse. En una demostración palpable e insultante de que consideraba a los lugareños unos palurdos y unos gilipollas. Salvo a los acólitos taurinos que la seguían por los ruedos y cuyas palabras provocaban un subidón de testosterona y adrenalina, al resto sólo les subía el colesterol, el ácido úrico y los triglicéridos. Pero eso sí, estaban de su doble lenguaje y del desprecio a esta tierra… hasta las mismas pelotas! ¡Tanto como yo de esta terrible pesadilla! |
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