La Agrupación de Familiares y Amigos de Fallecidos en la Prisión de Castigo de Valdenoceda entregó ayer, en el Ateneo de Madrid, los restos de 15 presos republicanos, ocho de ellos de la provincia de Ciudad Real, a sus familias. Los cuerpos estaban enterrados en dicha localidad burgalesa desde la guerra civil. Valdenoceda alojó, desde 1938 a 1943, una de las prisiones de castigo más duras de la época de la posguerra. Se tiene constancia documental (a través del Registro Civil) del fallecimiento en el interior de la prisión de al menos 153 personas, que fueron enterradas por sus propios compañeros en un solar, propiedad de Instituciones Penitenciarias, que en 1989 pasó a formar parte del Cementerio Parroquial. Los nuevos enterramientos de vecinos del pueblo se realizaron, desde ese año, 1989, sobre los de los presos. La Agrupación de Familiares y Amigos de Fallecidos en la Prisión de Valdenoceda ha conseguido, después de años de búsqueda (de familiares descendientes de aquellos presos, de ayudas, de subvenciones,…) y una intensa labor, la exhumación de 114 personas. Los restos de 15 de ellas fueron entregados ayer a sus familiares; uno más ha sido identificado, pero aún no ha podido ser exhumado; y diez más han conseguido identificación osteológica. Al menos 39 personas han quedado enterradas debajo de los enterramientos nuevos que se produjeron desde 1989. Entre las familias que ayer recuperaron los restos de presos fallecidos en Valdenoceda, se encuentran ocho procedentes de la provincia de Ciudad Real. Se trata de las familias de Ángel Mena Contreras, de Montiel; Vicente Martín Gil, de Daimiel; Feliciano Alcaide Rodríguez, de Aldea del Rey; Dimas Almendro García, de Corral de Calatrava; Antonio García-Rayo, de Daimiel; José Antonio Quintanilla Pardo, de Fuencaliente; Alfonso de la Morena Prado, de Aldea del Rey; y Juan María González de Mera, de Torralba de Calatrava.
Antigua fábrica Valdenoceda es una pequeña localidad del norte de Burgos, cercana a la provincia de Álava. Allí se encontraba, antes del inicio de la guerra civil, una fábrica de sedas. Por los bajos de la fábrica pasaba un canal del río Ebro que servía para mover las aspas de la maquinaria. La fábrica cerró en los primeros años de la guerra. Desde 1938 hasta 1943, se convirtió en una de las más terribles prisiones de castigo del régimen de Franco. Allí eran trasladados presos de toda España, víctimas de la represión, juzgados por cualquier motivo y condenados, en la mayor parte de los casos, por “adhesión a la rebelión”. Por la cárcel, convertida con el tiempo en un auténtico campo de exterminio, pasaron un total de 5.834 personas. El edificio, compuesto de tres plantas y con capacidad para menos de 300 personas, llegó a albergar a casi 1.600 presos de una sola vez, cinco veces su capacidad. |