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SÁBADO
31 DE JULIO DE 2010
- LA PALABRA DEL ESCRIBIDOR -

El PP frente a la huida del calamar

09-MARZO-2010. OPINIÓN

Teniendo la responsabilidad que tiene Rajoy, un hombre juicioso comprende y acepta sus palabras. Y otros en su lugar tampoco pactarían con Zapatero, porque en este momento y en las circunstancias actuales, y queriendo lo que quiere ZP, como ha dicho Rajoy, “pactar con Zapatero sería traicionar a los españoles”. A todos los españoles; a los de derechas y a los de izquierdas (¡qué daño les ha hecho a los suyos ZP!). Y, especialmente, sería traicionar a los cinco millones de españoles que están sin trabajo.

Se enfada ZP y su gobierno con el PP, porque el PP no quiere pactar con un presidente de gobierno, lleno hoy y lleno ayer de mentiras. Se enfada con los del PP, porque, a donde él quiere llevarlos, dicen los del PP que ni hablar. Acostumbrado a imponer sus caprichos, ZP se enfada, no soporta oposición alguna. Con ello demuestra que de demócrata ni el olor. Parece que no nació para ello. No ha hecho caso ni a los suyos. ¿Le importan de verdad?

Lo comprende hasta un niño: Si el PP pactara con ZP el hacer o apoyar todo lo que Zapatero quiere, el PP se corresponsabilizaría de todo el desastre causado en España por don José Luís, o sea,  desprecio a las víctimas del terrorismo, pacto con terroristas, culto a los dictadores Castro y Chávez, oposición y lucha contra la enseñanza católica, fomento de la insolidaridad, permisión de la ruptura de la unidad de España, permisión de la marginación del castellano, defenestración del Crucifijo en una España católica desde Recaredo, reverencia al Moro, aprobación de una ley antinatural (el aborto), acoso al fumador, acoso al automovilista, indefensión de la fiesta nacional, concepto aéreo de lo que es España, tibio amor a la Bandera Nacional, negación de una crisis económica propiciada por la ignorancia de un gobierno de pasarela, liquidación de la riqueza heredada, cinco millones de parados, y un capital millonario en inventos, mentiras y patrañas de un Zapatero que no quiere rectificar sus erráticas actuaciones, porque él no nació para confesar que puede cometer errores.

Lo percibe el PP: Zapatero quiere cómplices en la ruina en que ha metido a España; y si los cómplices son los del PP mucho mejor, pues así podría vender que el PP ha pactado con él, porque no tenía más ideas que las que él le ofreció y porque no tiene, no tenía proyecto alguno. Zapatero vendería a los españoles que, si él no ha podido hacer nada, es porque ni con los del PP  se puede hacer nada, y que los del PP sólo sabían y viven de oponerse. Y en un paso más adelante Zapatero, con la ayuda de unos medios de comunicación a su servicio y el sindicato de Méndez alfombrando su venta, vendería que la responsabilidad de todos los males, que hoy acosan a España y a los ciudadanos, es de otros; y que, entre esos otros, está el PP.

Lo sabe, lo sabe el PP: Si el PP no  pacta, ZP gritará aquí y allá que los del PP son antipatriotas; pero esto no es nuevo en la fraseología de ZP. Y los del PP pueden preguntar: ¿Por qué nos pide pactar ahora, si hizo todo lo posible por aniquilarnos, cuando teníamos más de diez millones de votos? El PP lo intuye con facilidad: Si Rajoy entra dentro de su fracaso, ZP se encargará de que aparezca tocado. Por ello – piensan los del PP – que los ciudadanos comprenderán que, no habiendo tenido el PP ni arte, ni parte en el desconcierto español de Zapatero, no quiera pactar, no quiera corresponsabilizarse de tanto mal. Así que, si Zapatero y sus escuderos se enfadan, tienen como remedio el guardar en cabeza sin cabellera el viento, dueño de la tierra y otras mil tonterías. Y, si no saben salir del atolladero donde se han metido, lo acertado sería el ir a unas elecciones a ver si los ciudadanos, para que España vuelva a su ser, descubren a otros más espabilados.

Es comprensible el que el PP piense que pactar con el señor de la mentira es condenarse a ser tenidos por culpables de todo, ya que Zapatero siempre defenderá que él no puede causar desastre alguno, porque él es el bien por excelencia, y el bien, por su esencia, no puede causar el mal. Podrían ellos dar la vuelta al argumento y decir a los ciudadanos que Zapatero es el mal intrínseco y que del mal no puede venir el bien; pero pueden darse cuenta de que el quid estaría en quién conseguiría más credibilidad ante los ciudadanos. Y, si con lo que está cayendo sobre el cuerpo de España, aún ZP tiene un pie sobre el alambre, la ignorancia de esta España muda dudaría todavía sobre la tontuna de ZP; y el PP vería cómo perdería puntos en intención de voto y, en vez de los  casi ocho puntos que hoy le saca a Zapatero, los fieles tambores de ZP anunciarían un empate técnico.

Bien colocados hoy los altavoces de Zapatero, unos desde el balcón de los sueños, y otros desde las puertas que llevan a salas sin luz, están pidiendo ¡pacto! ¡pacto! ¡pacto! Los del PP pensarán: ¡Cuidado con la sirena que siempre engaña; que se vende como mujer y tiene cola de pescado!

Por eso, si no todos, los ciudadanos creen que el pacto que pide Zapatero a Rajoy es una trampa; un intento de ganar tiempo y ver si escampa; un intento de entretener en comisiones y exámenes de folios, cuyo contenido es el vuelo lánguido de la nada; y que busca corresponsabilizar a otros de su desastre; y de ahí que Rajoy procure el tener buen tino, mientras los ciudadanos piden  elecciones cuanto antes, para pasar por la tintorería el gabán de España. Lo dicen los murmullos: Al grito de pacto, la respuesta es: ¡Elecciones! ¡elecciones! ¡elecciones! Y que el pueblo busque al gigante de los tres deseos. Tal como me lo ha confesado mi amigo el pastor de los montes de León lo escribo: Si el PP cayera en la trampa tendida, lo lamentaría y mucho, porque habría pactado la huida del calamar. El escribidor piensa que no sería justo que los desmanes de ZP los pagaran los socialistas que han servido con lealtad, en ciudades y pueblos, a los ciudadanos. Habrá que pedirles más tino en la elección de sus mandos supremos, pero el día de las elecciones sería un acierto el distinguir entre las zapateras elecciones generales y las elecciones autonómicas y municipales.  

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LUCRECIO PÉREZ BLANCO
Lucrecio Pérez Blanco
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