Hoy sabemos que ETA destinó tres misiles a dar muerte al ayer presidente de España José María Aznar, y después de haber intentado su muerte con una bomba en una calle de Madrid. ¿Por qué extrañarse entonces de que alguien piense en la presencia de ETA en el atentado del 11M, intentando herir mortalmente al gobierno que había presidido y aún presidía aquél a quien la banda estuvo y estaba decidida a liquidar? Cualquiera, con base en estos hechos, ¿no puede pensar en ETA como primera del 11M. o segunda mano, aunque ETA no fuera o no haya sido la autora del atentado? Y, libremente, ¿no puede pensar cualquiera que, hoy, una mano, no blanca, está impidiendo que se sepa la verdad sobre el atentado que dejó visos de un subterráneo golpe de estado, atentado que el día después potajeó Alfredo Pérez Rubalcaba y, desde el primer momento, la voz hueca de una emisora de radio, con un locutor-dios de lanzadera, puso caprichos llenos de la más profunda maldad?
No sabemos por cuánto tiempo y en cuántas enmarañadas informaciones se nos seguirá vendiendo a los españoles, que pudimos, pero tuvimos la suerte de no viajar, ese día, en esos trenes de la muerte, la enroscada mentira. Lo que sí percibimos es que, mientras tenga pulso la mano que mueve las múltiples marionetas con las que interpretar la comedia dantesca que interesa, un día se nos dirá una cosa y otro día otra; mas nunca la verdad que duerme prostituida en la conciencia aún sin despertar de algunos. Porque no conviene de ningún modo al entorno del poder el poner sobre la piel de toro el que, gracias a ese atentado y a la movida de no pocos descerebrados el día de reflexión de las elecciones, don José Luís Rodríguez Zapatero alcanzó el palacio de la Moncloa, o sea, las urnas, inquietas, le hicieron presidente de gobierno.
Es, para deshonra de nuestra democracia (si es que lo nuestro lo es), la desgraciada realidad que nadie puede negar, aunque Zapatero nada pudiere tener en ello: Don José Luís Rodríguez Zapatero llegó por primera vez a la presidencia de gobierno, después del atentado del 11M. y de una tragicomedia bien montada para cambiar voluntades. Y si se destruyeron las pruebas, para así no saber qué es lo que explotó en los trenes, y se montaron, como se hizo, un sin fin de sainetes con unos personajes que, aún hoy, nadie sabe de dónde salieron o de dónde les sacaron, es para que a algunos personajes de la escena española no se les note hoy su complicidad en tan monstruosa acción. Tan cobardes son que, para que no se transparente su conciencia manchada, a ella han renunciado y siguen distanciados de los que tuvieron la desgracia de sufrir el atentado y de sus familias. Mas, como la conciencia es “tan molesta como una carga de heno”, alguien hablará…hablará… alguien.
Lloró España el 11M. de 2004. Hoy, pasados 6 años, sólo hay lágrimas en la casa de los que lloran a sus familiares. ¡Tan barato es el olvido en esta España, que, por virtud de cierta clase política corrompida y más sujeta al dinero que a la dignidad, se parece a la verdadera España como el bandido Maragato de Goya a un ángel de Murillo! Por eso hoy no pocos seguimos exigiendo que los que murieron el 11M, y los que siguen marcados por la tragedia, tienen el derecho de saber la verdadera historia y verdad del criminal atentado. Muchos españoles, mientras no se aclaren todos los interrogantes que siguen sin ser contestados por quienes debieran, nos tomaremos la libertad de pensar lo contrario de lo que, a fin de que no se contemple el bosque donde se esconden los alentadores, los autores y los maquilladores del crimen, se nos ha vendido con el apoyo de unos medios de comunicación interesados en la propagación de la niebla. Lo contrario, todo lo contrario de lo que se nos ha regalado tan galantemente y se nos ofrece en un silencio que duele hasta a los mismos astros. Y más cuando se sabe el interés que tenía ETA de asesinar al presidente, y echar del gobierno a su partido político. Y más teniendo presente la algarada montada por una cadena de radio y el potaje político vendido por Pérez Rubalcaba el día de reflexión antes de las elecciones; y más después del pacto de unos partidos políticos - dicen democráticos - para la liquidación de un partido democrático, apoyado en más de diez millones de votos. Son muchas las preguntas sin responder, muchas las que se han enterrado en las más profundas zanjas de conciencias sin conciencia y no pocas que, aunque se esfuercen en que no brillen, resplandecen delatando a los rostros sin expresión. ¿Por qué se negó, entre otras cosas, que había nitroglicerina en lo que explotó en los trenes, cuando el perito de la guardia civil sobre el explosivo del 11M exclamó: “Hay nitroglicerina, es una putada, pero es la puñetera realidad”. Se ha dicho, se dice y se dirá por medio de voceros de quienes sacaron el mejor provecho del criminal atentado, que ETA nada tuvo que ver en dicho crimen… que fueron moritos… que fue la Al Qaeda de Bin Laden… que fue un tronado que ha confesado que él montó todo para echar del poder al PP. de Aznar… Se podrá decir lo que se quiera y callar lo que se está callando, sin que este país tirite de vergüenza, pero no pocos españoles, querido lector, se quedan con lo que no se puede negar ni ocultar: El atentado se montó – lo hiciera ETA o no lo hiciera ETA - para echar del poder a quien lo tenía; hubo “nitroglicerina”; Alfredo Pérez Rubalcaba no respetó el día de reflexión; una radio noveló con el hecho y los autores; y José Luís Rodríguez Zapatero, que se había retratado con el Moro junto a un mapa en el que el Moro nos comía parte de España, salió elegido presidente para, desde el primer momento, luchar por silenciar la voz de las víctimas echando mano de un sectario Peces Barba. Siempre será, pues, de actualidad la pregunta: ¿Cuándo la aclaración de la verdad verdadera con pruebas fehacientes para que las víctimas de la gran matanza, descansen las unas en paz, las otras se sobrepongan al dolor, y los demás vivamos en la luz? ¡Porque no podemos presumir de democracia, si la Justicia está anestesiada! ¡Oh Themis!, ¡diosa de los ojos vendados, brilla, brilla ya! |