Hace algún tiempo me contaron una anécdota, parece ser que real, que ocurrió en un pueblo de nuestra provincia. Se trataba de un grupo de amigos que se reunían frecuentemente los fines de semana a comer en una casa de campo. Después de la sobremesa, en ese momento de cierta tranquilidad, en el que da un poco de pereza levantarse para retirar todo lo dispuesto sobre el mantel y dejar todo ordenado, uno de los amigos incitaba al resto a la acción diciendo: “venga, que entre todos lo arreglamos en un momento”. Curiosamente él nunca se movía, pero, ante los demás, siempre quedaba bien porque era el impulsor de la iniciativa.
Estoy convencido de que, en la actual coyuntura económica que atraviesa nuestro país, todos debemos arrimar el hombro, realizar nuestra aportación, a través de ideas, esfuerzo, apoyos, pero también creo que todo esto será más útil si nuestros gobernantes asumen sus responsabilidades, no necesariamente trabajando más, sino mejor, con mensajes claros que marquen un rumbo definido.
Desde hace unos días estamos asistiendo a una iniciativa, impulsada por las Cámaras de Comercio, que quiere convencernos de que entre todos podemos sacar a España de la compleja situación en la que nos encontramos. “Yes, we can”. Claro que podemos, pero esta interesante iniciativa, que algunos interpretan como una velada ayuda al gobierno, puede llegar a convertirse en un arma de doble filo, pues si la sociedad civil aprecia que es capaz por sí sola de superar esta situación, podría empezar a preguntarse para qué necesita entonces a los políticos.
Recelo de la autogestión, es decir, creo en de la necesidad de contar con políticos que puedan guiar y liderar a un determinado territorio para superar las dificultades y avanzar con paso firme en los momentos de bonanza. Pero hay que ganarse ese papel, no en las urnas cada cuatro años, sino en el quehacer diario, exponiendo ideas y principios nítidos y valientes, más allá de modas o tendencias. Nuestros gobernantes deben superar el corto plazo de los mandatos de cuatro años y pensar en la siguiente generación, de este modo pasarán de ser meros politiquillos a auténticos estadistas. Winston Churchill, uno de los grandes políticos mundiales del siglo XX, durante la II Guerra Mundial, en una famosa alocución al pueblo británico, comentó que sólo podía prometerles sangre, sudor y lágrimas. Gran Bretaña ganó la guerra, pero Churchill perdió las elecciones. Dejó de ser primer ministro, pero pasó a ser una referencia para la historia.
En la política de cortas miras que predomina en la actualidad se prefiere no perder unas elecciones que pasar a la historia. Si hay que pedir sacrificios, mejor que lo hagan otros. En España contamos con mucho talento, pero necesitamos que se haga una buena gestión de él. Cada vez es más perceptible la sensación de un creciente colectivo de emprendedores dispuestos a dar un paso hacia delante, pero necesitan que se establezcan unas mínimas condiciones de credibilidad y confianza, las cuales sólo podrán generarse a partir de una decidida actuación liderada por el gobierno, que, como en la anécdota que comentaba al principio, parece que quiere animarnos a solucionar esta situación entre todos, pero permanece “sentado”, pues no se le ve muy dispuesto a asumir la parte de responsabilidad que le corresponde, adoptando las reformas estructurales necesarias, más allá de pequeñas medidas concretas. Esta inacción está generando aún más desconcierto entre nuestros emprendedores, lo cual, si no se remedia, acabará lastrando y retrasando la recuperación económica que todos deseamos.
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