Se habrá “derrochado mucha paciencia y prudencia”, como ha dicho el Presidente Barreda. Pero ahí está en herida sangrante, mi querido lector, el “Duelo a garrotazos” de Francisco de Goya llenando el aire de España. Ahí está. Y tenemos que ser los castellano-manchegos los que blandamos el garrote contra los levantinos, y los levantinos contra los castellano-manchegos. El agua, mi querido lector, el agua que unos y otros defendemos con y por razones diferentes y nobles ya que en ello, a unos y a otros, nos va la flor del bienestar. El agua no consigue remansarse en el Estatuto. Ya dije un día que hacía bien el presidente Barreda en pedir que se reconozca para Castilla La Mancha cierta cantidad de agua con la que saciar la plural sed de los castellano-manchegos. Mas ¿cómo ignorar la demanda y defensa justamente humana que de su sed plural hacen los murcianos y valencianos? Unos y otros hemos convertido la palabra en garrotes para machacarnos el amor que se ha ido camino del mar en alas del Ebro – traición a la solidaridad - despreciando la tierra sedienta. Y pasa lo que este escribidor no hace tanto tiempo dijo. El garrote que golpea a Castilla La Mancha no sólo lo maneja, como algunos creen, María Dolores de Cospedal o el partido popular castellano-manchego; lo maneja también el partido socialista murciano y valenciano. Porque junto a las palabras de la murciana Reverte hay que poner las de Jorge Alarte, que es nada menos que secretario general del PSPV, y que ha exigido al popular Camps, presidente de la comunidad valenciana, que “plante cara a la Cospedal en la negociación del Estatuto castellano-manchego” y le ha ofrecido defender juntos y “sin soflamas” el trasvase del Tajo-Segura. Un socialista, sí señor, al que le tienen sin cuidado las penas de los castellano-manchegos y la preocupación del compañero socialista José María Barreda. Y también el secretario general de los socialistas de Murcia, Pedro Saura, que ha pedido al presidente de Murcia lo mismo que ha pedido Reverte a Camps. Así que contra el Estatuto de Castilla La Mancha, por el tema del agua, hay un frente común formado por populares y socialistas, socialistas y populares de Valencia y Murcia.
Y con esto, mi querido lector, ¿adónde vamos? y ¿adónde llegamos? A la contemplación de lo que le decía este escribidor al presidente José María Barreda: El problema no está - aunque pudiere también estarlo - en el partido popular castellano-manchego sólo, sino en el partido socialista de las comunidades de Murcia y Valencia, pues a los socialistas murcianos y valencianos - lo vuelvo a repetir – les preocupan los votos; les preocupa perder los no muchos votos con los que aún cuentan en Murcia y Valencia. Y lo lamentable, querido lector, es que no todos queramos darnos cuenta de que quién nos ha empujado al “Duelo a garrotazos”, con los que nos retrató Francisco de Goya a los españoles, es el que derogó el trasvase del Ebro. Y este escribidor lamenta que no se sea consecuente en los comportamientos políticos. Porque nos disgustan a los ciudadanos, no los juegos folklóricos, pero sí los juegos políticos con los que nos regalan desamor los actores de la política; unos y otros; otros y unos. Pues leo que José Manuel Caballero, por el tema del aeropuerto, ha animado a Rosa Romero a rebelarse contra la Cospedal.
Sin entrar ahora en las razones que han llevado a la alcaldesa de Ciudad Real a no andar el camino que le marcaban los socialistas, este escribidor tiene que decir que no son laudables las palabras de José Manuel Caballero, aunque, para él, tengan mucho sentido político de partido,. Porque, si daño cree que hace al aeropuerto el rechazo de la alcaldesa a dirigir el concierto amasado por el partido socialista, y cree que ha tomado esa decisión por imposición de María Dolores de Cospedal, la honestidad – si es que J. M. C. sabe que se escribe con h y pide luz para iluminar todas las cosas –, la honestidad, digo, le estaría pidiéndole a él la rebelión contra Rodríguez Zapatero, quien, por alcanzar la Moncloa, anuló el trasvase del Ebro, hizo sangre en los intereses de Castilla La Mancha, y propició el enfrentamiento entre los castellano-manchegos y los murcianos y valencianos.
En este gran embrollo da la sensación, mi querido lector, que los socialistas, maestros en la manipulación y dominadores del juego político, usan de toda su pericia, para que los otros vengan a aceptar el ser responsables también, ante los ciudadanos, de los fallos que ellos – los socialistas - han cometido. Pienso y comprendo que pueda valer en el juego político usar y mostrar tamaña pericia; pero a los espectadores, que somos los ciudadanos, nos repugna. Que sí,… que admito que este es el teatro de la política en el que la entrada para ver la representación del sainete nos la cobran sin miramiento alguno; pero repugna al bien hacer.
No se logrará pues la calma, mientras no haya agua para todos. Y vuelvo a decirlo, mi querido lector, vuelvo a decirlo: No habrá la cantidad de agua que unos y otros necesitamos, mientras no se logre el trasvase del Ebro. ¿Y por qué no dice esto José Manuel Caballero? ¿Por qué el partido de José Manuel Caballero no le exige a Rodríguez Zapatero que rectifique? Porque, mientras el gran jefe de José Manuel Caballero no rectifique, o mientras no lleguen al poder otros, los garrotes estarán en nuestras manos, en las de los castellano-manchegos y murcianos y valencianos. El sectarismo de los políticos, por la basura que arrastra, causa dolor hasta en las uñas de los pies.
Tendrán ellos que ser y comportarse así para ganarse el pan y el brillo que da un puesto político; pero a mí, querido lector, como al lucero de la tarde, me llena el alma de tristeza, porque también en política se puede obrar con la riqueza del pobre: La sencilla honradez.
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