Hace una semana se clausuraba el primer Programa de Perfeccionamiento Directivo que el IESE, Escuela de Negocios de la Universidad de Navarra, ha desarrollado en Ciudad Real, gracias al patrocinio de la Fundación Horizonte XXII. 60 directivos de diferentes organizaciones y sectores empresariales y procedentes de distintas provincias de Castilla la Mancha hemos podido beneficiarnos de los contenidos de este Programa.
A lo largo de casi 5 meses los participantes hemos analizado y profundizado sobre áreas y materias diversas: contabilidad, recursos humanos, marketing, dirección financiera, negociación, estrategia, entorno económico… El trabajo ha sido intenso, pero el esfuerzo ha merecido la pena. A través de este Programa se ha generado un punto de encuentro y reflexión que ha contribuido a enriquecer el talento directivo de nuestra tierra. No obstante, creo que lo más importante es que se ha logrado generar un grupo humano muy cohesionado, que ha sabido compartir vivencias, intereses, ilusiones, proyectos, dando lugar a un equipo dinámico y emprendedor, que ha encontrado en la amistad el mejor aglutinante.
Desde hace tiempo, importantes agentes sociales vienen reclamando una apuesta decidida por el talento empresarial. En la actual coyuntura económica, en la que raro es el día en que los directivos no se despiertan con algún sobresalto, puede resultar complicado desviar la mirada del corto plazo, de los problemas cotidianos, para intentar obtener una visión más panorámica y, por lo tanto, más completa de la realidad que nos rodea. Es preciso dejar de mirarnos al ombligo para dirigir la mirada hacia un horizonte más amplio y este cambio será más sencillo si el camino lo recorremos juntos. Por ello, esta primera promoción de directivos que han ampliado su formación gracias al IESE y la Fundación Horizonte XXII debemos asumir el reto de constituir la punta de lanza de una nueva forma de trabajar desde la responsabilidad directiva.
A partir del famoso “método del caso” se han ido analizando diversos tipos de situaciones que pueden darse en el devenir cotidiano de cualquier organización. Durante las comidas, los descansos o fumando un cigarrillo, los participantes han incorporado sus propios “casos”, que también han dado lugar a comentarios y propuestas de mejora. De este modo, desde la humildad de reconocer la necesidad de seguir formándose, la confianza depositada en profesores y compañeros y el convencimiento de que la puesta en común de buenas prácticas nos puede ayudar a todos a mejorar, se ha generado una red de trabajo que estoy convencido que va a dar sus frutos.
En sintonía con todo este trabajo, esta semana APD, con la colaboración de la Fundación Horizonte XXII y la aportación de Emma Fernández, Directora General de Talento, Innovación y Estrategia de Indra, ha reunido a un nutrido grupo de directivos para reflexionar, de nuevo, sobre talento y estrategia. Puede parecer que estos intangibles no están de moda ante una realidad tan pragmática como la que estamos viviendo, pero sin estos principios seremos incapaces de progresar. Ahora, más que nunca, necesitamos líderes flexibles y con ambición y es a través de este tipo de iniciativas, que compaginan formación, información y contactos directivos, como lograremos la flexibilidad que reclama el moderno liderazgo.
Nuestros administradores y gobernantes deberían aprovechar la gestación de núcleos de directivos dispuestos a impulsar una renovación de nuestras empresas y organizaciones a partir de bases sólidas, asentadas en conocimientos técnicos y valores éticos, pero también deberían estar preparados para afrontar la interlocución con directivos convencidos de que la crítica y el debate constructivo constituyen el mejor camino para hacer avanzar a nuestra sociedad.
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