Un soplo de viento limpio y fresco corrió, en su día, por las calles madrileñas. Se creía que había llegado el cambio climático. No fue así. Aunque algunos ya le auguramos que la prisa no era buena y que debía esperar, el ímpetu del caballero parleño se desmadró y entró con energía y fuerza en el centro de la capital para hacer frente a la Esperanza. Ahora no es Esperanza la que lo puede. Son sus suplidos, sus colegas de partido, que temen este aire renovado y valiente los que le temen.- La mejor estrategia es dejarlo de lado y montarle una elecciones primarias que lo anonaden y lo dejen varado en la ribera del camino hacia la presidencia.
La presidencia no está para chiquilicuatres. Lo pondrán para reemplazarle. Esperanza no es la de las que cede terreno y la lucha seguirá siendo larga y difícil. La pena es la pérdida de fuerzas luchando contra los de tu propia casa. Tomás no puede fiarse de nada ni de nadie de los que están encumbrados a la sombra del reducido presidente que intenta cortar cualquier despegue que lo deje en ridículo.
Tomás ha perdido, físicamente, mucho desde que fue a la secretaría de la comunidad. Ahora parece más delgado y como si los huesos tendieran a salir. Conociéndole supongo que las preocupaciones no le dejan dormir. Tiene que pensar que el resto de los españoles estamos igual que él por culpa de la misma persona, su jefe. Nos trae a mal traer, como a él. Ahora piensa en grande y te ve en lo alto de la escalera como un posible rival que no puede ser manejado. Es posible que actúes dentro del partido pero no son ellos así. Desentonas de cualquier manera que lo hagas. Siempre darán tu cabeza al verdugo para que te desmoche.
Valías demasiado y te han ido cosiendo por la espalda. Has tenido que luchar contra Aguirre y contra los aguerridos remeros de tu propia escuadra. La orden ha partido de arriba. La misma, posiblemente, que te incitó a saltar al ruedo del partido. Te temía en el municipio donde apabullabas con aquellas elecciones donde hasta los contrarios te votaban. Conseguiste ser el alcalde más votado y eso hizo temblar a Zapatero que te vio como él cuando ensartó a Bono en el alfanje de engaño y los correveidiles. Te tuvo a tiro y ahora ha soltado a sus avutardas, los pájaros de tu pueblo, para que te den fin de fiesta.
Te lo advertimos muchas veces y te pedimos paciencia. Te has dejado engañar por los pitos de un entrenador falaz y has perdido. No se puede ganar cuando uno tiene que luchar en dos frentes: con el enemigo y con los que tienes a la espalda. Estás expuesto a todos los salivazos de los sayones zapateriles y has dejado que las arenas movedizas de la voluntad de tus colegas te entierren en improperios y descalificaciones. No podía ser de otra manera teniendo a Chavez y Blanco en la orilla de enfrente.
Simplemente deseo que no te pierdas y vuelvas a tus antiguos cuarteles donde hacías cosas buenas y por ello los ciudadanos de Parla te apreciaban y querían. |