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VIERNES
3 DE SEPTIEMBRE DE 2010
- REPORTAJE -
Premios de la educación

Vivir para la enseñanza

21-ENERO-2008. CIUDAD REAL

Magdalena Salazar es afable, cariñosa y apasionada. Quince años de dedicación a la gestión del comedor escolar del colegio Santo Tomás de Villanueva no han hecho mella en su ilusión por el día a día ni en el amor que profesa a los que llama “sus niños”. El 25 de enero, junto con otras personas y centros educativos, verá su labor reconocida por la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, en los Premios de la Educación que se conceden con motivo del Día de la Enseñanza. Magdalena no cabe en sí de felicidad ante la noticia, que ella compara sin dudarlo con un boleto de lotería premiado. El maestro que dirigió durante años el colegio de Valverde, el profesor del Centro de Adultos Alfonso Fernández, el centro de educación especial Puerta de Santa María, la asociación de sordos Aspas, el instituto Hermógenes Rodríguez de Herencia y el colegio Romero Peña de La Solana son otros nombres y centros cuya labor se verá reconocida en esta misma ceremonia que tendrá lugar en Albacete.

En la acogedora sala destinada al comedor del colegio Santo Tomás de Villanueva, Magdalena levanta sus propias leyes, trucos y filosofías. Todos ellos caracterizados por un brillo especial que la convierten en reina de un castillo sólo habitado por pequeños bajitos. Lleva colgado un silbato, que toca estrepitosamente cuando es el cumpleaños de un niño, para que todos le canten el ‘cumpleaños feliz’. También lo usa para cuando requiere su atención. “Los padres no entienden cómo sólo con el silbato me hacen caso. Y yo les digo: ¡Es que es muy fácil educar a los hijos de otros!”.

Para Magdalena, el comedor no es sólo un lugar donde los niños comen. Es mucho más.“No sólo estamos para dar de comer a los niños, sino para ayudar a los padres, que también tienen derecho a que les ayuden un poquito”, explica. Dentro de su ‘territorio’, la prioridad de la responsable del comedor es que todos los niños coman bien, además de dedicar una especial atención a sus ojitos derechos: los más pequeños, de tres años. “Son los que necesitan más ayuda, tú estás ahí tanto para pelarles una fruta, como para escucharles o ayudarles y estar con ellos cuando se sienten mal”.

El trabajo en la cocina empieza desde las 9 de la mañana, cuando se despliega la maquinaria humana -Ana María y Carmen son la cocinera y pinche, respectivamente- y material para preparar los distintos menús. Hay para alérgicos al pescado y al huevo, para los niños musulmanes que no pueden comer cerdo, y también para celíacos, de los que se ocupa muy especialmente Magdalena. Entre las comidas, las preferidas son el arroz a la cubana, la tortilla de patata y las salchichas, además de un delicioso bizcocho casero que suelen servir como postre el día que toca cocido. Los menús están cotejados con la doctora de una clínica, que analiza las kilocalorías y a la que Magdalena consulta todo. “Le pedí poner a los niños salchichas al menos una vez al mes, y ella me dijo que tenían mucha grasa. Yo ya lo sé, ¡pero a los niños les encantan!”, cuenta esta enérgica mujer de 44 años.

Su mayor secreto para hacerse cargo de un comedor escolar no es otro que una paciencia infinita, que le lleva hasta a masajear la boca de los niños más lentos en comer para ayudarles a que deshagan la bola de comida. A otros, para que coman la fruta, se las da en trocitos ínfimos. Todo eso, con mucho cariño y dedicación.

Veteranía en las aulas
La dedicación ha distinguido también a Francisco Grey Castañeda, todo un maestro de la vieja escuela y director durante años del colegio público de Valverde. Llegó allí para enseñar en los años 70, y se jubiló hace dos años. En Valverde no sólo encontró su sitio, como él mismo dice en recuerdo a la película Un lugar en el mundo, sino un espacio desde el que hacer crecer durante casi tres décadas un proyecto de educación casi familiar.

Francisco Grey, con maneras pausadas y mirada clarividente, conoció la lucha constante para levantar una pequeña escuela de pueblo. “Cuando empecé, había un aula, que era una casa habilitada con una habitación larga, con una ventana muy estrecha y otra más moderna que no se podía abrir porque entraba el tufo de un vertedero”, recuerda el veterano maestro. Paso a paso, viaje a viaje, y reunión a reunión, Francisco se las arregló para conseguir nuevas aulas y una unidad de infantil, el suelo del recreo asfaltado y una cerca rodeando al colegio.

El maestro dice sentirse orgulloso de su método de enseñanza, que aplicó con buenos resultados con sus primeros alumnos y con los hijos de éstos. Sobre los problemas de la educación actual, Francisco deja varias reflexiones. En una primera explica que la máquina no puede suplir el aspecto humano de la educación, por muy avanzada que sea la tecnología de un ordenador. En segundo lugar, hace referencia al movimiento pendular que se practica en España: “Hemos pasado de una educación autoritaria a una permisiva”. De la dictadura del padre, a la dictadura del niño, en definitiva. Tampoco señala culpables y prefiere admitir que los niños de hoy han cambiado, al igual que los adultos. “Pienso que no todo tiempo pasado fue mejor”, reflexiona, “creo que esta época de educación es buena, pero reconozco que la influencia de la escuela es cada vez menor. Para los niños, tiene más crédito lo que toman de las tecnologías y medios de comunicación que lo que aprenden en la escuela”.

Sobre el premio que recibirá el día 25, Francisco también recuerda en este reconocimiento a otros compañeros que han vivido igual experiencia, y volviendo a lo de haber encontrado “su sitio”, lanza: “¿Dónde vas a estar mejor que en un sitio donde eres valorado, donde valoran que tú les puedas ayudar?”.

Otro veterano con reconocimiento en los próximos Premios de la Educación es Alfonso Fernández, profesor del Centro de Adultos Antonio Gala de Ciudad Real. Desde los años 70 vio crecer la vida en este centro, que dio cobertura educativa a aquellas personas que no pudieron recibirla en su día. Para que estas personas no se sintieran señaladas por aquella carencia, el centro decidió ampliar sus actividades y enseñar desde pintura hasta teatro, convirtiéndose en lo que es hoy: una referencia en formación para 2.000 alumnos matriculados  cada año.

Alfonso siente gran respeto por la labor educativa en alumnos adultos, que le brinda anécdotas y alegrías cada día, y sensaciones que no logran desvanecerse con sus años de veterano en las aulas, como la inquietud de conocer a un nuevo grupo al inicio de curso. Presume, además, de buenas relaciones con los alumnos, y con algunos conserva un vínculo casi “familiar”. “El alumno aprende, pero el profesor también, ya que el alumno es una persona rica en otras cosas”, asegura Alfonso.

Mucho más que educar
Una cara muy particular de la enseñanza la supone la Educación Especial. Marginada durante años, ahora este sector educativo dirigido a los niños con más problemas de aprendizaje está alcanzando el lugar relevante tan merecido y reivindicado. Los profesionales que se dedican día a día a realizar una labor que va más allá de lo educativo para sumergirse en lo social se han visto reconocidos a través del Centro de Educación Especial Puerta de Santa María, galardonado con uno de estos Premios de la Educación. De esta manera tan satisfactoria el centro celebra, además, sus 25 años de trabajo.

Miguel Ángel Martín de la Vega, director del centro, lleva once años en él. Asegura que todo trabajador que recae en él ya no quiere irse, y habla de la relación entre alumnos y trabajadores como de una gran familia. De sus años de experiencia, no cambiaría nada: “Me quedo con todo de estos once años. Siempre digo que mientras venga al centro y me divierta, para mí es una suerte. Yo me lo paso bien aquí, y la mayoría de la gente también”, explicó a El Día.

Uno de sus objetivos principales es integrar la vida del centro en la de la ciudad. Por eso intenta que los alumnos participen en todo tipo de actividades que se programen. “Siempre que podemos ir a alguna actividad lo hacemos, para que se vea que existimos, que la gente vea que no somos bichos raros y que podemos estar perfectamente integrados”, cuenta este ciudadrealeño que se confiesa frustrado cuando los chicos abandonan su tutela a los 21 años.

Las cifras de este año hablan de 91 alumnos matriculados entre 3 y 21 años, y 81 personas en plantilla de las que 37 son docentes.

Otros premiados que también entienden de batallas por la visibilidad y la presencia son los integrantes de Aspas, la Asociación de Sordos, que desde esta entidad desarrollan una labor esencial en la educación de los niños con este problema. Manuel Romero, el gerente de Aspas, aseguró que el premio se recibe con sorpresa tras casi 30 años sin haber visto reconocido el trabajo de la asociación: “Los primeros cinco segundos se me quedó la mente en blanco, y luego me puse muy contento. Es la primera vez en 30 años que una institución dice que lo estamos haciendo bien”. “Me da ánimos para seguir trabajando”, continúa el gerente, “de seguir luchando con los chicos en los distintos ciclos”.

Valores solidarios
Volviendo a la educación ordinaria, dos centros han sido premiados también por la difusión de valores solidarios y relacionados con la interculturalidad: el Colegio Público Romero Peña de La Solana, y el Instituto de Educación Secundaria Hermógenes Rodríguez de Herencia. Ana Carmen Balda está al frente de este centro, premiado por su dedicación en la integración de alumnos inmigrantes, una labor de gran tradición. “Siempre ha habido actividades relacionadas con la integración en el centro, pero este año tenemos el “programa de éxito”, que son talleres destinados a alumnos con posible riesgo de fracaso escolar”, comentó la directora del IES. En estos talleres, se refuerza la integración de los chicos, materias básicas como la lengua y las matemáticas y se practica una inmersión lingüística, ya incluida desde hace años en las actividades del Hermógenes Rodríguez. Todo un programa que ha llamado la atención de la Consejería de Educación. “No lo esperábamos, ni nos lo planteábamos aunque conocíamos estos premios. Ha sido una sorpresa absoluta”, admitió Ana Carmen Balda.
A todos estas personas que viven para enseñar, felicidades.

informa
PATRICIA C. SERRANO
Patricia C. Serrano
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ampliarFOTO: MAYTE GARCÍA
Magdalena, junto a “sus niños”, en el comedor del que es responsable
Magdalena, junto a “sus niños”, en el comedor del que es responsable 
El mayor secreto para llevar el comedor escolar no es otro que la paciencia infinita La labor de la educación especial ha sido reconocida en el centro Puerta de Santa María
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